Conmigo casi ninguna cosa es difícil.
Difícil me es a mí el dominio de las cosas:
por ejemplo mis manos
o lo que se traduce
ahora mismo
de mi cabeza a mis manos.
Dos animales heridos,
dos cachorritos que buscan a su madre en la caverna.
El control es mi animal mitológico favorito.
La anarquía me arrincona las ideas en el cráneo
y las detona, las hace explotar y ahí sí,
fuera de control,
reventando contra las paredes,
en las calles las ideas,
anarquía
en los cerebros
anarquía
en las voces,
y la pérdida del control
es lo que hace que a la deriva,
arrastrada por la corriente del río,
una vaya descubriendo
los peces
el agua azul profunda oscura
los animales ciegos
que habitan en el fondo
y que tienen al hambre y la anarquía
como único motor.
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