Mis amantes dicen
que matarían por mí,
y yo les creo.
Mis amantes dicen
que huelo como las flores,
jazmines chinos en primavera.
Dicen:
la luna, los mares, todas las selvas tropicales.
Y yo les creo.
Pero las lenguas de mis amantes son frágiles,
un imperio de polvo,
barro y arenas movedizas
sobre el que yo me sostengo
y aunque bailo,
a veces bailo,
otras veces de rodillas me derrumbo y rezo,
con desesperación rezo,
pidiéndole a todas las cosas vivas
que permanezcan un tiempo en el tiempo,
porque soy una persona
que no sabe del equilibrio,
que tambalea,
que ante la más leve de las brisas
es alzada en el aire
y no para en ese vuelo hasta enredarse
en el ojo de los huracanes,
y cuando al fin halla el sosiego,
los lugares conocidos,
se da cuenta de que no,
Toto, no,
Toto, we’re not in Kansas anymore.
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